A 17 años de su desaparición, ¿dónde está la familia Gill?

Los seis miembros de esta familia desaparecieron sin haberse encontrado rastro y su paradero sigue siendo desconocido. La búsqueda está en manos del Equipo de Antropología Forense.

Ya pasaron 17 años desde la última vez que se vio con vida a la familia Gill. Desde la aparición de un testimonio que indicó que la familia pudo haber sido asesinada y enterrada en el campo La Candelaria, propiedad de Alfredo Goette y donde ellos trabajaban, la búsqueda se ha centrado en la estancia ubicada a pocos kilómetros de la ciudad de Viale. El pasado 28 de diciembre, el juez que tiene a cargo la investigación, Gustavo Acosta, acudió nuevamente a la estancia y recogió 107 fotografías del lugar y se las entregó al Equipo Argentino de Antropología Forense para que hagan una propuesta formal de trabajo y se hagan cargo de la búsqueda de la familia. Cabe recordar que tras la muerte de Goette, un testigo señaló dos posibles lugares que sirven como indicio para dar con el paradero de la familia: uno de ellos ya fue inspeccionado sin arrojar resultados positivos y el otro lugar es parte de la investigación venidera.

En el verano de 2002, toda una familia desapareció de la faz de la tierra en Entre Ríos: desde entonces no se supo qué destino tuvieron, a qué sitio se fueron -si es que se fueron-, por qué se fueron, o, en el peor final, si están todos muertos, qué los llevó a ese desenlace: ¿los mataron? Y si los mataron, dónde están sus cuerpos. Los Gill, de ellos se trata, no dejaron ningún rastro. Hasta ahora, nada se sabe de ellos.

Rubén “Mencho” Gill, en 2012 de de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, fueron vistos por última vez en el velorio de un amigo de la familia, el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón. O sea, diecisiete años atrás desaparecieron y no se volvió a tener noticias de ellos.

La última pista que sigue la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportado por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017 hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.