Equipo Argentino de Antropología Forense reinicia la búsqueda de la familia Gill

Continuará con el rastrillaje a partir del dato que aportó un vecino de la zona de Crucesitas Séptima. Buscan dar con el paradero de la familia cuyo rastro se perdió en el verano de 2002 y de quienes desde entonces no se tienen noticias.

El Equipo Argentino de Antropología Forense volverá hoy a Nogoyá para, desde allí, partir a las 8 al campo La Candelaria, en Crucesitas Séptima, para una nueva búsqueda para dar con el paradero de la familia Gill, cuyo rastro se perdió en el verano de 2002 y de quienes desde entonces no se tienen noticias. El antropólogo Juan Nóbile, que llegó a Crucesitas por primera vez en marzo de 2019, continuará con el rastrillaje a partir del dato que aportó un vecino de la zona.

El juez de Garantías y Transición de Nogoyá, Gustavo Acosta, que desde 2015 tiene la causa por “averiguación de paradero”, tal como se caratuló la investigación en un primer momento, decidió pedir el auxilio del EAAF cuando entendió que con las herramientas corrientes se le cerraban todos los caminos para dar con los Gill. El antropólogo Nóbile estuvo aquí en marzo de 2019 luego de que la Justicia entrerriana le enviara una copia de todo el expediente de los Gill -15 cuerpos-, fotografías de La Candelaria, y datos de planimetría-.

La desaparición
En el verano de 2002, toda una familia desapareció de la faz de la tierra en Entre Ríos: desde entonces no se supo qué destino tuvieron, a qué sitio se fueron -si es que se fueron-, por qué se fueron, o, en el peor final, si están todos muertos, qué los llevó a ese desenlace: ¿los mataron? Y si los mataron, dónde están sus cuerpos. Los Gill, de ellos se trata, no dejaron ningún rastro. Hasta ahora, nada se sabe de ellos.

Rubén “Mencho” Gill, en 2002 de de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, fueron vistos por última vez en el velorio de un amigo de la familia, el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón.

Última pista
La última pista que sigue la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportados por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017 hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.

“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero de 2002, y eso contó en la Justicia de Nogoyá. La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.

La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria. Muertos. Y enterrados.

Y aportó una pista a la Justicia: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

El lunes 23 de octubre de 2017 hubo un allanamiento en el campo La Candelaria, cuyo casco principal está desocupado. Fue una primera inspección ocular de la Justicia.

El primer pozo inspeccionado no arrojó ningún resultado.

El juez Acosta recién volvió al campo de La Candelaria el 28 de diciembre de 2018, para una tarea puntual: recogió 107 fotografías del lugar, realizadas con un drone, y con la colaboración de la División Criminalística de la Policía de Entre Ríos se realizaron dos informes con las coordenadas de la estancia, y del lugar donde está el segundo pozo señalado por Nanni y todavía no revisado.

Todo eso se puso en manos del licenciado Juan Nobile, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que es el organismo en quien se depositan ahora las esperanzas para la búsqueda de los restos de los Gill.

El EAAF tiene prestigio ganado aquí y en el mundo. En 1984, con la vuelta de la democracia, iniciaron un trabajo monumental de la mano del antropólogo norteamericano Clyde Snow, que sentó las bases para que lo vendría después: la identificación de los desaparecidos a partir del estudio de los restos de huesos que hallaron bajo tierra. A Snow lo llamaban el “Sherlock Holmes” de los huesos. Había trabajado en la identificación de los restos del “Ángel de la muerte” Josef Mengele, el médico de Auschwitz hallado en Brasil 30 años después del fin del nazismo, así como en el análisis forense del cuerpo de JF Kennedy. Más tarde lo haría en las fosas comunes de kurdos en Irak, donde testificó contra Saddam Hussein en el juicio que llevó a su ahorcamiento en 2006.

Ese primer rastrillaje no aportó mucho tampoco.

Ahora, un nuevo testimonio, de otro vecino de La Candelaria, mueve a la búsqueda del probable destino fatal de los Gill. El testimonio de este nuevo testigo -que pidió que su nombre quede en reserva- apunta a que allí, en el campo, Gill realizó una excavación por orden del dueño de la estancia La Candelaria. Pero señaló un sitio distinto al que ya ha sido inspeccionado, publica Entre Ríos Ahora.

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